Claves para alcanzar una sociedad digitalmente avanzada y por tanto previsora de su seguridad: Capacitación, mecanismos alternativos de resolución de conflictos, fomento de la e-participación y promoción de las oportunidades de las TIC.

Lidia Parra

 

Lidia Parra Ortiz

CTIC

Fundación CTIC Sociedad de la Información

Las medidas para el fomento y promoción de la e-Seguridad entre menores, no deben conducir a una reducción del beneficio de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Sin embargo, habitualmente nos encontramos con un exceso de sensacionalismo a la hora de transmitir información sobre la tecnología y el uso que los menores hacen de ella.

Esta utilización del alarmismo como estrategia de atención, ofrece titulares que contribuyen a que la desconfianza en las TIC sea cada vez mayor. Padres y madres son el objetivo de un mensaje de peligrosidad de las TIC muy alejado de la realidad. A esto, debemos sumar que parte da la población adulta de referencia de los menores tienen dificultades competenciales en el ámbito de las TIC.

Es evidente que las tecnologías están cada día más presentes en la totalidad de ámbitos (formación, trabajo, ocio) siendo necesario que todas las personas adquiramos las competencias adecuadas para manejarlas y hacerlo, además, de forma segura y responsable. Desarrollar una estrategia de uso seguro de la tecnología basada en la información y formación se sitúa así, en una línea básica de cualquier política de protección de menores, en relación al uso de las TIC

Pero se hace necesario prestar la debida importancia al tratamiento de la información en torno a las TIC y los menores. Una utilización no alarmista puede generar conciencia social y favorecer enormemente el desarrollo de la Sociedad de la Información. Es preciso fomentar un tratamiento de la información, que vaya más allá de los riesgos vinculados al uso de las TIC, potenciando los beneficios de su apropiación, en definitiva el tratamiento de las TIC como generadoras de oportunidades.

Los y las menores, como cualquier otra persona adulta, se enfrentan a riesgos vinculados al imparable crecimiento de las TIC. Y no podemos olvidar que es necesario saber diferenciar la predisposición innata por parte de los jóvenes para usar la tecnología, del “conocimiento” que se tiene de la misma.

Niños y adolescentes han de aprender a gestionar su propia seguridad, conociendo y detectando los riesgos inherentes a estas tecnologías, en permanente cambio, adoptando las medidas de autoprotección necesarias y respondiendo adecuadamente ante situaciones de riesgo. Y la mejor forma para ello es la capacitación.

Con la capacitación mejora la confianza en la tecnología y se promueve el uso pleno de las TIC, aprovechando las ventajas que estas ofrecen e incrementando la utilización de los servicios digitales. Por tanto, la promoción de programas que proporcionen competencias vinculadas al uso seguro de las TIC es imprescindible para contribuir a una cultura de la responsabilidad que permita verdaderamente beneficiarse de la tecnología.

Junto a las acciones de capacitación permanentes que proporcione la transversalidad de la e-Seguridad en el currículo, se debe poner esfuerzo en llevar a cabo nuevas fórmulas de intervención, encaminadas a atajar las consecuencias derivadas del mal uso de las TIC, que permitan hacer frente a situaciones que obviamente también se generan y en ocasiones desgraciadamente con desenlaces no deseados.

Por ello, se hace necesario establecer mecanismos alternativos de solución de conflictos tal vez a través de alianzas estratégicas interinstitucionales, llevar a cabo evaluaciones en e-Seguridad y en su caso impulsar servicios de apoyo especializado.

Pero además, es necesario que la capacitación en TIC se realice desde una doble perspectiva que aborde, en conjunto, riesgos y oportunidades, articulando actuaciones en las que se realice un uso positivo de las TIC y que permita a las y los menores y a sus adultos descubrir las oportunidades que estas tecnologías ponen a su alcance.

Las TIC favorecen la motivación, la creatividad, la imaginación, la comunicación, mejoran la capacidad para resolver problemas, optimizan el trabajo en equipo, refuerzan la autoestima, favorecen una mayor autonomía en el aprendizaje, permiten superar las barreras del tiempo y del espacio… Abordar la tecnología en educación desde su talante más innovador y creativo haciendo hincapié en los usos positivos, en lugar del alarmismo es la fórmula para alcanzar una sociedad digitalmente avanzada y por tanto previsora de su seguridad.

Hay que tener en cuenta que toda la población, incluso quienes han nacido con la tecnología, corre el riesgo de limitarse a prácticas centradas exclusivamente en el ocio y por ello es necesario que se realicen actuaciones que promuevan otra tipología de usos de las TIC tanto en el ámbito educativo como en el profesional.

El aprendizaje a través de la práctica, el aprendizaje por descubrimiento, favorece múltiples aspectos deseables, no podemos obviar el aprendizaje práctico que los jóvenes realizan de forma natural. Es necesario observar como una oportunidad la utilización que estos hacen de los actuales medios de comunicación, y en lugar de limitar su vocación de participación en redes sociales por qué no reconducir su aprovechamiento hacia otros entornos de la vida ciudadana.

Sin duda, la participación activa de los menores es crucial para el desarrollo y el futuro de cualquier sociedad. El uso responsable de las Tecnologías de la Información y la Comunicación también se construye con fórmulas de participación que permitan expresar, participar y ser tenidos en cuenta.